Jerarquía en el cerebro. La glía sale de la sombra.

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Hemos estado atrapados en la sinapsis durante 150 años. La popularización y la percepción de que la neurona es el único tipo de célula activa en el sistema nervioso central no nos ha permitido darle más importancia a la glía. Esto nos lleva a la antigua creencia de que el aprendizaje y la cognición son exclusivamente del dominio de las neuronas.

Cuando uno mira los datos de resonancia magnética funcional, lo que realmente se está midiendo son los flujos sanguíneos cerebrales. Luego es realmente una medida de los astrocitos que conectan cientos de miles neuronas.

La activación de una neurona aumenta temporalmente la capacidad de respuesta de las neuronas vecinas. Esta activación se propagará y provocará el cambio del comportamiento. Resulta que la maquinaria celular necesaria para orquestar esta coordinación se extiende más allá de las propias neuronas a la red circundante de la glía. Queda pues revelada una dimensión antes desconocida que da especificidad celular al sistema nervioso.

Los astrocitos y oligodendrocitos pueden influir en el aprendizaje y la memoria, ayudando a las neuronas a mantener el flujo de señales eléctricas. Un ritmo de alrededor de 25 a 80 pulsos por segundo parece ser bueno para el aprendizaje y la memoria

La sincronización de estas señales es esencial para la coordinación que establece las bases para los circuitos del cerebro y así almacenar la información. Los astrocitos liberan glutamato para mantener estos ritmos. Los oligodendrocitos, por otro lado, pueden influir en los ritmos de señalización neuronal a través de la producción de mielina, adaptandose continuamente a la información entrante.

Nuevos datos sugieren que algunos trastornos neurológicos pueden ser el resultado de glía dañada en lugar de las neuronas dañadas.

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