El cerebro es una orquesta de jazz. Una teoría alejada de la neuroquímica.

El percusionista establece un ritmo para todos los instrumentos. Esto se equipara a las oscilaciones cerebrales. Los músicos intervienen en este ritmo, permitiendo que se siga oyendo al percusionista. Su acople es equilibrado y no anula el ritmo de fondo. Los ritmos cerebrales son fundamentales para la coordinación de la comunicación en el cerebro.

Si aparece una hipersincronización, el ritmo aumenta excesivamente y puede manifestarse como un trastorno obsesivo compulsivo o una epilepsia.  Es un acoplamiento oscilatorio en exceso.

Si en cambio, el instrumento nuevo, entra demasiado fuerte y muy discordante, puede anular al percusionista y el golpe atasca al resto de los instrumentos. Se interrumpe la sincronía. El jazz es mejor cuando el intercambio es equilibrado.

Investigaciones recientes ha encontrado que tanto el autismo como la esquizofrenia se asocian con aumento de ruido neural. Estos trastornos tienen aparentemente muy diferentes orígenes neuronales, pero sus síntomas entran en este marco sencillo.

Hasta ahora estos trastornos han sido englobados en el término de desequilibrios neuroquímicos. Quizás haya llegado el momento de un tratamiento multifacético en el que la sincronía neuronal se busque por otras vías.

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